"hoy ten miedo de mí"


hoy me dio por escuchar esta canción de Fernando Delgadillo que tenía olvidada. me transportó a otro tiempo, a aquellas tardes de abril de frío con sol y mi insistencia terca en salir sin abrigo, a los tulipanes robados que tenía junto la ventana y que contemplaba cuando mis ojos todavía tenían la capacidad de sorprenderse de todo, a las noches infinitas que acababan revolcando soledades entre las sábanas, al olor de cigarrillo permanente dentro de mis cuatro paredes y al sabor del vino barato que siempre tenía a mano...
pero bueno, más allá de esta nostalgia cursi que me invadió, es una canción hermosa así que la comparto. claro, la cínica que soy no puede evitar pensar que en determinados contextos la letra podría ser inquietante pero eso me resulta interesante también.


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lecterland: el fantasma


*por aquello de que es halloween y para continuar con mi desahogo/relajo de Lecterland ...


foto de la entrada de Lecterland


– Alguien acaba de pasar por ahí.

La expresión de Sebastián había cambiado dramáticamente después de su enunciado pero seguía hablando como si no le diera tanta importancia. Traté de descifrar hacia dónde había estado mirando.

– ¿Cómo que acabas de ver a alguien? – pregunté a punto de levantarme a verificar que no hubiese un intruso.

– Nada, vi un reflejo en el espejo del pasillo.

Miré hacia el espejo. Luego estudié el rostro de Sebastián, sus pequeños ojos ya se estaban poniendo rojizos.

–Estás borracho – exclamé segura de que no era otra cosa que delirium tremens.

– No. – respondió a la defensiva. –Bueno, no tanto.

– Ah, claro, entonces de seguro no estás imaginándote cosas. – dijo Clara burlándose de él.

–No, de veras. Era una mujer. Era mayor, tenía el pelo canoso. Caminó hacia el pasillo.

Las dos nos miramos y nos reímos un poco.

– No me importa lo que ustedes piensen. Desde la primera vez que entré aquí sentí que había alguien más. Siempre me mareo cuando vengo a visitarlas.

Tomé un sorbo más de la cerveza y me resigné a cambiar el tema.

Clara y yo nunca tomamos en serio lo que nuestro amigo dijo esa noche, pero la verdad es que desde que vivíamos en ese apartamento nos pasaban cosas raras. Me di cuenta el primer fin de semana que pasé allí. Antonio regresaba todos los viernes a su casa a visitar a los padres, así que Clara y yo nos quedábamos solas. Siempre se escuchaban ruidos en la habitación de Antonio, a veces eran unos pasos, otras como si un cuerpo se sentara sobre la cama ruidosa de ese cuarto.
Otro día Clara y yo estábamos hablando cuando sentimos un escándalo ensordecedor en la cocina. Parecía como si todos los platos de la cocina se hubiesen caído. Fuimos rápidamente a ver qué había pasado, esperando encontrar mil pedazos de cristales rotos. Al llegar allí todo estaba intacto. Traté de brindarle una explicación. Me dije que fue en la cocina de algún vecino pero por dentro sabía muy bien que el ruido había venido de nuestro apartamento.
Habían algunas ventanas en la vivienda que nadie podía abrir de lo viejas y oxidadas que estaban. Una tarde, al regresar al apartamento, Clara las descubrió abiertas. No había nadie en la casa y nosotros nunca aprendimos el truco para manejar las ventanas.
Luego nos dimos cuenta que la mesa de la sala se movía sola. Yo había asumido que Antonio la deslizaba para ver mejor el televisor. Una noche mientras cenábamos él me perguntó por qué yo movía la mesa. Le dije que no había sido yo. Le preguntamos a Clara. Tampoco. Antonio nos dijo que él todas las mañanas movía la mesa a su posición regular y al otro día se corría hacia la pared.
A veces Clara sentía alguien moviendo sus bolígrafos sobre el escritorio. Yo llegué a sentir a alguien acariciar mi edredón y sentarse encima de mi cama.
Todas estas cosas habían estado pasando. Nosotros optábamos por no hablar sobre estos sucesos extraños.
Yo pensabe en todas estas cosas un día que Lecter se apareció para cobrarnos la renta. Se tardó una eternidad en contar el último centavo.

– Correcto – pronunció finalmente como siempre hacía al terminar sus cálculos caóticos.

Ya pronto se iría y podríamos estar en paz. Lecter guardó el dinero mientras repasaba experiencias con pasados inquilinos. Habló sobre unos jóvenes estudiantes que habían vivido allí y cómo se organizaban para pagarle.

– Pero antes aquí vivía una señora con su hijo. Él la cuidaba, ella estaba muy vieja y enferma. Eran muy buenos. Cuando ella falleció él se mudó a otro lugar...

Lecter siguió hablando. Clara y yo nos miramos en silencio pensando en lo que había dicho Sebastián unos días atrás. Miré al pasillo y me imaginé a esa mujer recorriendo el apartamento, reclamando el espacio como suyo.
Volví a mirar el rostro de Lecter. Su boca se retorcía un poco mientras hablaba.

Mejor que nunca se entere que ella todavía vive aquí. Es capaz de cobrarle. – pensé en silencio.

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lecterland: el inicio





La puerta se cerró y en ese instante se agotó cualquier esperanza de normalidad. El piso nos empujaba hacia arriba. Los tres nos acorralamos a las paredes sin poder escapar el aire de condena que se respiraba en ese pequeño espacio.
Aquel hombre de edad media con pequeñas canas bordeando su calva nos miraba con una extraña sonrisa.
– ¿Qué estudiáis? – nos preguntó.
– Filosofía– contestó Antonio mientras cruzaba sus brazos sobre su camisa que leía: “coito ergo sum”.
– Ah – replicó aquel hombre, – Pues de seguro habéis leído Más Platón y menos Prozac.
Los tres nos miramos en silencio. Este era el momento en el que teníamos que haber sabido la verdadera naturaleza de ese hombre. Le dijimos en voz baja que nunca habíamos leído ese libro.
– ¿Cómo va a ser? Si sois filósofos. – replicó y procedió a hablar incansablemente de la maravilla de texto filosófico que nos recomendaba con orgullo.
El elevador se detuvo y salimos aturdidos. El hombre sacó de su pantalón un nudo de llaves y comenzó a probarlas una a una en la cerradura
– ¿No se te parece a alguien? – suspiró Clara en voz baja.
Me quedé un tiempo pensando pero no me venía nada a la mente.
–Es idéntico a Lecter. – me dijo con un destello de miedo en sus ojos.
– ¿Hannibal Lecter? ¿De veras? – pregunté incrédula. Lo volví a observar mientras torturaba al pobre Antonio con alguna anécdota interminable. Fue entonces que me di cuenta: el pelo, los ojos, la sonrisa extraña, era indudablemente una versión barata del personaje.
–¡Esta es! – exclamó en triunfo el hombre mientras abría la puerta.
Antonio, Clara y yo intercambiamos miradas. Entramos por primera vez dentro de aquel apartamento sin sospechar lo que acontecería allí en los subsiguientes dos años.


* escribo esta serie porque hay que reírse de lo morboso-surreal-chistoso del asunto y porque cuando hablo de Lecterland casi nadie me cree.
Para bien o para mal esto va dedicado a G. y C., supervivientes de Lecterland y todas las demás víctimas que han pasado por allí, especialmente S., casi compañera de piso y E., ocasional ocupa o, mejor dicho, asaltante de café.
** A petición/queja de cierta persona, jaja, cambié el nombre de Gerardo a Antonio...¿mejor?

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pequeñas incoherencias


Miro al techo que ha vuelto a gotear
Hacía tiempo que no llovía así
Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal
Me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti
Lo que en realidad viene a ser lo mismo
Lo que por crueldad ahora viene a dar igual
O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado
Y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar
Y estas gotas sean sus lágrimas
O puede que sea hora de entrar ya en razón
Y llegar a comprender que dentro de este horror
No hay literatura, no
-Nacho Vegas , Ocho y medio


me reclino en la butaca con mi copa de vino. la tensión del día se va disipando con cada sorbo, al fin puedo exhalar. me echo cada vez más hacia atrás en el asiento. sin querer me fijo en la dichosa gotera milenaria plip plop plip plop que nadie ha logrado arreglar. a estas alturas el techo parece estar agonizando, como piel que comienza a desprenderse y a destilar la sangre gota a gota plip plop plip plop. tomo un poco más de vino, vino rojo. ahora me percato del protagonismo que tuvo la sangre el pasado año, quizás en todos los años, quizás la vida.
ya ha pasado un mes y mi boca todavía me sabe a españa. mi piel tan tonta sigue sintiendo caricias de manos que se quedaron atrapadas en un lugar sin tiempo. ahora entiendo lo que bien sabía gardel, que el regreso revive muertos y distorsiona la percepción del tiempo. los fantasmas son remplazados por otros, fantasmas encarnados que miran y respiran. extraño, no sé qué o quién extraño, si al de ayer o al de ahora. sólo sé que esa jodía gotera me tiene mal. miro hacia abajo y veo que hasta el piso ha sido víctima de la estalactita en gesta de mi caverna. con la insistencia del tiempo las gotas han dejado la impresión de su caída mientras se siguen sumando más plip plop y yo lo único que puedo pensar es en lo mucho que me gustaría fumar un cigarrillo ahora mismo...



*foto: Naturaleza Muerta 1, septiembre 2005

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reciclaje


esto es un post viejo, lo publico de nuevo y le añado una estrofa porque es lo que estoy sintiendo...




y de repente vuelvo a ti...
me arrastraré por tus calles. me deslizaré por tus piedras. me esconderé entre los transeúntes. sola. pequeña. insignificante. volveré a ser otro cuerpo más sin nombre. sentiré tu sangre fría corriendo por mis venas.

regresaré de nuevo a ti y seré como tú, Salamandra...

dura.
cruel.
reptil.

y de repente vuelvo a ti...
volveré a pisar las huellas que dejé sobre tu piel. me llenaré de tu aliento frío. me contaminaré de tu soledad. me arroparé con tus sombras ancestrales. me difuminaré dentro de tu niebla.
llegaré hasta ti, Salamandra, y seré tuya,
dura,
cruel,
reptil,
una última vez.

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20 de mayo



la ciudad se impregna del olor a mierda. las calles, las paredes, los árboles, la brisa, la ceniza. todo. a la vuelta de la esquina unos muchachos fuman mientras conversan. en la distancia se escuchan los gritos de algunos borrachos. nadie parece percibir la peste. el mundo sale a festejar y yo regreso a mi casa. tu música cacofónica llega a mis oídos. tu risa, tu voz, tus gemidos. mis pies se mueven sobre la acera pero con cada paso me hundo en mis recuerdos. un año se derrite con demasiada rapidez. la niebla se desvanece y el paisaje comienza a delinearse ante mis ojos. todo es distinto pero esta ciudad sigue igual. estos edificios antiguos gritan tu nombre. tu sombra me persigue en esta oscuridad y yo conduzco mi cuerpo cansado entre este aire contaminado a mierda.

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de nuevo, Salamandra...



y de repente vuelvo a ti...
me arrastraré por tus calles. me deslizaré por tus piedras. me esconderé entre los transeúntes. sola. pequeña. insignificante. volveré a ser otro cuerpo más sin nombre. sentiré tu sangre fría corriendo por mis venas.

regresaré de nuevo a ti y seré como tú, Salamandra...

dura.
cruel.
reptil.

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