historias para no ser contadas: 6


Enganchó el teléfono incrédulo. No esperaba que contestara una voz masculina. Una profunda tristeza se apoderó de él. Hacía tan sólo una semana desde que lo habían dejado y ya ella estaba con otro. No podía creer que su amor fuese tan frívolo. Él creía que ella lo extrañaría. Pensaba que la angustia que él experimentaba era recíproca. No podía creer lo pendejo que había sido. Sintió una mezcla de dolor y furia en sus entrañas.
¿Ahora qué hago?
Él estaba harto de siempre acabar con su corazón roto. Claro, esta vez superaba todas las demás. Ella era especial. Él nunca había querido tanto a alguien.
Inmerso en sus sentimientos pensó: Tendré que buscar la manera para que nunca me vuelvan a herir tanto. Decidió intentar crear una mujer perfecta.
Tomó el barro en sus manos y empezó a modelarlo suavemente. Sus manos dibujaron delicadamente cada detalle de esta mujer. Cuando la terminó, sólo alcanzó decir: perfecta.
La acarició tiernamente y decidió que en la compañía de esta hermosa mujer de barro nunca volverá a sufrir.
La abrazaba, la tomaba entre sus brazos, la besaba, le hablaba...
Soñaba en su regazo.
Poco a poco volvió a ser feliz.
Un día soltó una lágrima mientras le suspiraba en el oído lo mucho que la quería. Al abrir los ojos vio que su muñeca de barro se movía. Al ver que su mujer perfecta ahora era de carne por poco se moría de la emoción. ¡Mi amor te ha dado vida!
Ella lo miró confundida. No reconocía esos ojos que la miraban con tanta ternura.
Pasaban el tiempo juntos. Él nunca había sido tan feliz.
Él le contaba todos los secretos de su corazón. Él la inundaba de regalos y detalles. Ella se quedaba en silencio...sólo le miraba pacientemente.
Un día, cuando él se despertó, buscó ansiosamente el cuerpo de su amada...Sus manos palparon futilmente la cama vacía.
Ella ya no estaba allí...

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historias para no ser contadas: 5


Cuando apagó el carro no pudo contener las lágrimas. Ella estaba cansada ya de siempre acabar con el corazón roto. No entendía el por qué de su silencio, el por qué de su indiferencia. Lo odio, pensó mientras trataba de suspender la explosión de sentimientos. Trató de arreglar su maquillaje para que sus familiares no se dieran cuenta de lo que sucedía. Tenía que sonreír...después de todo era Navidad.
Y así entró a la casa y comenzó su gran teatro. Ella fue toda alegría a pesar de que por dentro se sentía morir.
Finalmente se despidió de todo el mundo y regresó a su casa. Nunca había estado tan cansada en su vida. Se tiró en la cama y volvió a llorar. Entre sus sollozos suspiró: ¿Por qué no pude haber nacido hombre? Todo sería más fácil...Y así quedó dormida entre delirios y llantos.

La despertó el teléfono.
-Halo, dijo suavemente.
Silencio. Al cabo de un rato escuchó una voz femenina decir:
-Disculpe, estoy tratando de localizar a mi hija.
-Mami, soy yo...¿qué pasa?
-¿Hijita? ¿Eres tú? ¿Estás enferma? ¡Suenas fatal!
-No...no estoy enf... y antes que pudiera completar la oración vio la figura de un hombre en piyama dentro de su sala. Comenzó a gritar histérica dejando caer el teléfono al suelo. Volvió a mirar para fijarse bien. Se dio cuenta que ella estaba contemplando un espejo. ¿Pero cómo va a ser? Se miró a ella misma y se sorprendió al descubrir una fisionomía masculina. ¿Soy un hombre? Imposible. Miró cada detalle visible de su nuevo cuerpo con una mezcla de fascinación y horror.
¿Y ahora qué hago?
Ya no podría continuar siendo la misma persona. No podría utilizar el nombre que ya la identificaba. No podría ponerse la ropa que acostumbraba. Ni siquiera podría ir al trabajo. Sus amistades y familia jamás entenderían lo ocurrido, nunca verían en este hombre aquella mujer que tanto querían. ¿A quién podría acudir? Nunca se había sentido tan asustada...tan sola.
Se quedó tiempo pensando. No sentía ganas de llorar. No tenía la amenaza de la menstruación y las hormonas no la incitaban a ningún tipo de ingestión pecaminosa.
Quizás ahora tengo la oportunidad de hacer una vida nueva.
Se rió un poco de la idea y comenzó a experimentar cierto alivio. Ahora puedo vivirlo todo desde otra perspectiva. El asunto de su familia y amistades lo resolvería después. En ese momento inició el proceso de planificación para su vida como un hombre. Abrió el armario para buscar ropa que podría utilizar con su nuevo cuerpo. Mientras removía los ganchos escuchó el teléfono sonar. Lo contestó cual si fuera una autómata:
-Halo.
La gravedad de su voz la tomó por sorpresa.
De nuevo escuchó un silencio. Al rato, una voz decía suavemente:
-Perdone, no quería interrumpir.
-click-
Ella se quedó congelada con el teléfono en la mano.
Esa voz...
Era la voz que llevaba tanto tiempo deseando escuchar...
Era la voz que tanto amaba...
Y así, esta persona con cuerpo de hombre se puso a llorar.

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historias para no ser contadas: 4...the nutty professor



Victor Vázquez. Cabeza con clavos, 1998
Para C.

En algún lugar de las Pampas, de cuyo nombre no puedo acordarme, existe un hombre plagado por sus deseos. Él se encerraba en el silencio para así concentrar todas sus fuerzas en esa lucha contra sus pasiones. Es un profesor. Había dedicado todo su empeño académico a la teorización de la técnología, pues en ella veía una forma de escapismo. Un día, cansado de refugiarse en sus artificios técnicos, decidió buscar una manera de batallar definitivamente esta debilidad. Lo único que quería era darle duelo a todas esas sensaciones humanas, demasiado humanas. Acudió a Luis, su amigo experto en informática. Diseñaron juntos una máquina capaz de borrar todos sus deseos. Luis al principio se rió mucho pero luego aceptó el reto. Después de varios intentos encontró una manera de llevar a fruición las demencias del profesor. Era un aparato de dimensiones inmensas. Estaba lleno de botones y luces que parpadeaban. Era una maquinaria muy complicada, como todo artificio técnico ha de ser. Nuestro personaje vio la creación de su amigo y se sintió muy satisfecho. Él, como buen profesor, comenzó un extenso discurso sobre la importancia de la tecnología para facilitar la vida humana. Luis lo miraba sin registrar ni una palabra pues lo encontraba decididamente aburrido. Finalmente decidieron poner el producto de sus efuerzos a la prueba. El hombre se sentó cerca de la máquina. Su amigo colocaba cables y demás afiches en el pecho y la cabeza del profesor.
No sé si dolerá, nunca he hecho algo tan extraño como esto, dijo nerviosamente Luis.
El hombre sonrió desafiante.
No me importa, no será peor que vivir luchando contra mis deseos.
El amigo lo miró escépticamente pero la curiosidad de ver a su criatura en funcionamiento era demasiado grande. Empezó a operar los botones y esperó...Un destello inmenso de luz salió de la máquina. El hombre saltó en la silla y gritó del susto. Aguardaron unos segundos. Al parecer todo había salido bien. Luis comenzó a hacer una serie de preguntas para ver si la máquina cumplió su propósito.
El profesor contestaba fríamente y parecía completamente destacado. Incluso se mostró indiferente hacia las preguntas por ella, la mujer que protagonizaba sus sensuales sueños.
Sin duda alguna el experimento había funcionado.
Nuestro personaje volvió a su casa ahora sin pasiones, sin sentimientos, sin deseos. Ahora sólo vivía desde su mente. Su cuerpo era sólo un medio por el cual existir. Nada más.
Orgulloso del experimento se encerró nuevamente. Escribió 10 ensayos, 18 conferencias y acabó su segunda tesis doctoral sin dificultad alguna. La vida continuaba más allá de la ventana pero él no se enteraba.
Un día Luis estaba trabajando cuando escuchó una explosión. Llegó demasiado tarde. Aquella máquina se había destrozado. Lástima, pensó, ¡podría haber ganado plata con este invento!.
A dos cuadras del apartamento de Luis, el profesor comenzaba a escribir otro artículo. Mientras teclaba las palabras pensó en ella. El rostro de aquella mujer le llegó inesperadamente. Un mar de recuerdos se apoderaron de él…
Revivió cada instante de aquel día…las palabras, las risas, el neviosismo, el cariño...todo.
Y de la nada se ahogó en su llanto. No entendía nada de lo que pasaba. No lograba concretar ningún pensamiento. Lo único que podía hacer era sentir…sentir deseo...sentir pasión...sentir calor...Todo lo experimentaba intensamente desde la piel. Las sensaciones eran tan fuertes que se convirtió en fuego. Observó impotente cómo su cuerpo se iba consumiendo entre las llamas. El profesor, al fin, vuelto deseo incontenible...

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historias para no ser contadas: 3


Él salió a tomarse una cerveza para relajarse un poco. Claro, también iba a ver si alguna mujer caía en su cama. Pidió su trago y miró curiosamente el público que habitaba ese lugar de mala muerte. Sus ojos se fijaron en una mujer que bebía un whiskey sola. Era bastante guapa…sólo que calva. Había algo en ese rostro que le parecía familiar. Él se sonrió mientras pensó en lo fácil que sería esta conquista. Seguramente nadie se le acerca porque estará enferma. Otros tendrán escrúpulos, pero para él estas cosas importaban muy poco. Él es así de simple. Se aproximó a ella. Le soltó la labia rutinaria. Ella estaba ya tan aburrida que permitió toda la parafernalia tonta de este hombre. Un trago llevó al otro y sin saberlo ahí estaba ella en su cuarto. Besos. Caricias. Gritos. Sudor. Saliva. Todo fue tan rápido que ella no tuvo tiempo de registrar lo que había pasado. Se sintió avergonzada e intentó irse lo más rápido posible. Cerró la puerta sin mirar atrás. Él quedó tirado en la cama sintiéndose completamente satisfecho. Un ardor desconocido fue invadiendo su cuerpo. Ninguna mujer había logrado dejarlo en este estado. Cuando abrió los ojos se dio cuenta que aquel amor casual le había robado la piel.
Puñeta, pensó él, justo lo que faltaba

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historias para no ser contadas: 2


Abrió los ojos de cantazo. Sintió el sudor frío bajando por su espalda. Miró el reloj y se dio cuenta que ya había llegado la hora. Se dirigió al lavabo para quitarse la mezcla de sudor y sueño que poblaban su rostro. Y allí, contempló sorprendida la imagen que se reflejaba en el espejo. El cabello marrón que enmarcaba su rostro había desaparecido. Sólo quedaba una calva resplandeciente. Justo lo que faltaba. Hoy me tocaba escuchar las mil quejas de mi director de tesis y ahora pá colmo estoy sin pelo. Regresó a su cuarto y vio el nido de cabellos que ahora poblaban su almohada. ¡Qué puñetas habré soñado! Trató de recordar los pensamientos que la acompañaron por la noche. Lo único que retuvo fue la ansiedad y el susto que la despertaron repentinamente. Ni modo, pensó mientras terminó de prepararse. Salió del apartamento sin la preocupación cotidiana de peinarse. Ocultó su piel debajo de un sombrero por aquello de protegerse del frío.
El profesor abrió la puerta y se quedó mudo. Después de un tiempo logró saludarla e invitarla a la silla más cercana a su escritorio. La miró atentamente mientras ella defendía su tesis. Él sólo le sonreía. Seguro que éste piensa que tengo cáncer, pensó ella mientras debatía si aclarar lo que había ocurrido. Pero ¿cómo ella iba a explicarle lo sucedido si se escapaba de su propia compresión? Así que permitió su condescendencia a fin de irse lo más pronto posible de esa pequeña oficina.
Cerró la puerta y se dirigió nuevamente a las calles. No podía escapar las miradas invasivas de rostros desconocidos. Se rió un poco de toda la escena y entró a un café con la esperanza secreta de que el líquido amargo la despertara de una vez de esta pesadilla…

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historias para no ser contadas: 1


Él no era más que un pintor frustrado. Llevaba años ejerciendo como artista sin éxito alguno. Su obra nunca fue exhibida y nadie le ha comprado un cuadro. Se gana la vida trabajando a tiempo completo en un supermercado a dos pasos de su estudio. Se consolaba a sí mismo haciendo listas de todos los artistas que fueron reconocidos sólo tras la muerte. Seguramente éste sería su caso...
Al regresar del trabajo continuaba con su proyecto. Estaba por acabar un retrato de un rostro inventado. Era un cuadro de un hombre más o menos de su edad, pelo oscuro y piel morada. Esta noche ya lo terminaría. Agarró su pincel y cuando iba a acariciar la superficie de la tela vio que su personaje había desaparecido. Qué raro, pensó perplejo. Escuchó un ruido y miró asustado hacia la ventana. Allí estaba. Él le devolvía la mirada con una expresión complaciente.
Te estaba esperando, dijo el hombre mientras se acercaba. La luz del pequeño estudio permitía ver las pinceladas sueltas que componían su rostro inacabado.
-Pero, ¿cómo…? El pintor no lograba formular su pregunta.
-¿Me das vida pero esperas contenerme dentro de un lienzo?
El artista titubeó algo incomprensible.
-No me sorprende que no puedas decrime ni una sóla palabra. Te observé silencionsamente mientras intentabas pintarme. Estoy harto de tu falta de destreza. Me diste una existencia mediocre, como tú. Ahora tengo que sobrellevar la torpe fisionomía que me has concedido.
-Si quieres intento de nuevo…creo que puedo hacerte mejor…déjame intentar…
-No. No hace falta. Ya conozco tus limitaciones. Para ti yo soy tu obra maestra. Vi en tus ojos lo orgulloso que estabas de mí…No. No puedes hacer mejor…
-Entonces…¿qué quieres de mí?
-¿De ti?...Nada. Ya no puedes hacer nada. Sólo quiero tu cuerpo.
-¿Mi cuerpo?
-Sí…me parece justo. Ahí estás tú, desperdiciando tu vida detrás de un talento que nunca tuviste. La vida se te escapa. Yo lo único que quiero es vivir lo que tú nunca has sido capaz. Pero tú no me concediste un cuerpo, sólo capas de pintura de pobre ejecución. Tú quedarás atrapado en tu falso arte, como debería de ser. Tú, para siempre condenado dentro tu mediocridad...
El artista miró la convicción en aquel hombre sin nombre y sin cuerpo. No pudo reaccionar. Una gota de sudor frío bajó por su cuello. Ahí estaba él, aceptando inerte la sentencia a la que ahora le condenaba su criatura. Aquel hombre tomó la mano de su creador y la puso sobre el lienzo. Las manos de ambos, artista y creación, quedaron apoyadas sobre el cuadro. El artista vio con horror cómo se iba convirtiendo paulatinamente en pintura. Y así, atrapado en su mundo, observó al hombre recién materializado mientras salía por la puerta del estudio…

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