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Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.
-Sor Juana Inés de la Cruz
Labels: hombres necios, mujerazas
-“Acabo de ver a tu vecina, la del 3-C”, dijo Doña Clotilde con un tono irónico.
Carmela estaba todavía en la cocina preparando el café. “Ay...ésa” vociferó irritada.
-“¿Es verdad eso que dicen por allí, que esa jovencita tiene un...un...?”
-¿Esclavo?”, preguntó con la risa en sus labios mientras le extendía una taza.
-“Bueno, eso me dijo Don Ramón cuando lo saludé abajo.”
-“Pues, no lo sé. Tiene un hombre encerrado allí todo el tiempo. Pero mira, yo no sé lo que hace esa muchacha ni quiero saberlo. Allá ella y sus depravaciones.”
Tomaron plácidamente unos sorbos del líquido amargo mientras seguían condenando a aquella mujer inmoral.
Alicia las escuchaba desde el pasillo. Ya estaba acostumbrada a ser el centro de los chismes de sus vecinas. Estaba demasiado cansada como para que le importara.
-“Buenas tardes”, le dijo con una enorme sonrisa.
-Sí...buenas...” dijo frágilmente la señora y aceleró su paso para alejarse lo más rápido posible.
Vieja chismosa, pensó para sí mientras buscaba las llaves.
Una vez adentro se quitó los zapatos y se tumbó en el sofá.
-“¡Llegaste temprano!” exclamó una voz masculina desde el pasillo.
-“Sí, me escapé del trabajo. No podía más”
Se acarició suavemente el cuello.
-“¡Ven acá!”
-“Estoy terminando de limpiar el baño. Voy ahora.”
-“Ven, por favor...", le pidió en un tono juguetón.
Se escuchó la cadena y al rato se apareció él. Estaba sin camisa con un delantal. “¿Necesitas algo?”, le preguntó.
-“Quiero un masaje.”
Él se tiró de un lado los guantes y se quitó el delantal.
-“Quítate la blusa y ponte de espaldas.”
Ella lo hizo y se quedó esperándolo mientras se lavaba las manos.
Él se acomodó sobre ella. Tomó una crema y la derramó sobre su piel. Al sentirla, Alicia brincó un poco. “¡Está fría!”, exclamó.
-“Ahora te caliento, no te preocupes.”
Comenzó a mover las manos suavemente, desde abajo hacia arriba en movimientos circulares.
-“Esto es justo lo que necesitaba después de llegar del trabajo”, suspiró casi sin poder pronunciar las palabras.
Siguió deslizando sus manos por las espaldas de su ama, cada vez con más fuerza, eliminando poco a poco la tensión que cargaban esos hombros.
Después de un tiempo, sintió cómo Alicia le agarró de un brazo y se volteó violentamente hacia él.
-“¿Qué tal si me das otro tipo de masaje?” preguntó con su voz pícara.
Él le devolvió una sonrisa traviesa. Comenzó a quitarle los pantalones: “Lo que quiera mi ama.”
Carmela regresó cansada con toda la compra. Miró por unos segundos las escaleras y suspiró. Ni modo, se dijo, subiendo uno a uno los peldaños. Al rato sintió unos pasos que descendían hacia donde ella estaba. Miró y reconoció el rostro de aquel muchacho enigmático que siempre estaba con esa vecina indecente. Al pasar al lado suyo, ella lo detuvo.
-“Joven, ¿no me ayudarías a subir la compra?”.
-“Me encantaría ayudarla pero mi ama necesita que le compre algunas cosas y necesito llegar antes de que cierren las tiendas. Imagino que entenderá”.
-“Sí, sí, está bien...Gracias, joven”.
El muchacho siguió caminando hasta llegar a la puerta principal.
Carmela se sentó en las escaleras en lo que recuperaba su aliento. Miró las bolsas de compra. Colocó sus manos sobre la espalda y pensó en Alicia. Fue entonces cuando pronunció las palabras que jamás se perdonó haber dicho: “¡Dichosa ella!”
*fotografía tomada de deviantART, por xantangummy
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Interrumpo la serie de la esclavitud porque no he tenido tiempo todavía. Publico esto que escribí hace tiempo. Es un texto raro, de esos que no saben si quieren ser poesía o prosa. Este escrito está dedicado a C. L. y S. C., hermanas de existencia y cómplices de esa noche mágica de música y lágrimas. ¡Un abrazo a ambas!

Cristina Gallardo Domas como Madama Buttefly en el Royal Opera de Londres, 2003
Fotografía de Bill Cooper, tomada de: www.operajaponica.org/.../londonletterpast03.htm
¿Vedi lo scimunito tuo dubbio?
è giunto! è giunto!
è giunto propio nel punto
che ognun diceva: piangi e dispera...
Trionfa il mio amor! Il mio amor;
la mia fe’ trionfa intera:
ei torna e m’ama!
Quisiera re-escribirte. Sacarte del escenario. Removerte de la historia a la que estás condenada. No puedo verte, Cio-Cio San. Tu felicidad se convierte en la cicuta amarga
que baja por la garganta. No. No puedo verte. Eres toda música, toda alegría.
No cortes las flores. La primavera todavía no ha llegado. No para ti, Cio-Cio-San.
Y sin embargo ahí vas derramando pétalos por tu casa, desplegando tu amor por doquier.
No derrames tu perfume, no lo desgastes. Me duele tu sonrisa, pero es tan hermosa la imagen.
Cio-Cio-San, no ves que eran falsas sus promesas. Algunos hombres son así, sueltan las palabras que queremos escuchar sin pensar en las consecuencias. En su país sólo reina el dinero. Él sólo sabe de armas, de destrucción. No de amor. Su país sólo sabe destrozar tierras ajenas. El tío Sam te señala en la frente y crees que te elige para la vida. Pero no, ese dedo sólo sabe infligir muerte.
Yo también esperé a un Pinkerton, de otro nombre, de otro país, pero con las mismas huecas promesas. Me quedé esperando que anclara su nave en mis costas. No regresa. Nunca regresan. Sólo vuelven para robarnos lo último que nos queda. No lo dejes. No, no lo esperes.
Huye, Cio-Cio-San.
Escápate en esa fuga que te envuelve toda. Mujer niña, mujer mariposa, extiende tus alas antes de que te atrapen. Estás a tiempo. Convierte tú misma tu Dolor en Alegría.
No lo esperes a él.
Quisiera irrumpir en tu espacio y sacarte antes de que te entregues a la nada, al filo de la daga que ya lleva tu nombre. Me quedo inerte observando tu inevitable sufrimiento, sintiendo que la oscuridad de la sala nos consume a ambas.
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