1,2,3...


Un profesor, por alguna razón, dividió la muerte en tres etapas. Los estudiantes bromearon mucho con tal propuesta irrisoria.

1. pre-morir:
Qué acabe ya, pensó mientras fingía su orgasmo. Roberto insistía sin llegar a su climax. Cerró los ojos para no ver el teatro que montaba su compañera. Finalmente su cuerpo se rindió sobre Laura, quien lo sacó de encima un tanto irritada. Se colocó al borde de la cama para fumar un cigarrillo. Permanecieron sin hablar hasta que el sueño se apoderó de ambos.

2. ya-morir:

Roberto sintió que Laura se movía. Estaba completamente despierto pero no quería que ella lo supiera. Se quedó quieto escuchándola. Ahora se está poniendo los pantalones, pensó. Aunque no la estaba viendo sabía exactamente cómo se movía. Ya había presenciado esta rutina incontables veces. Percibió que se amarraba el pelo y con eso entendió que se iría pronto. Poco después escuchó la puerta.
Roberto no quería despertarse a una cama vacía. Movió su cabeza en la almohada y sintió el perfume de Laura. Se acababa de ir y ya la extrañaba. Se levantó resignado y comenzó a prepararse para el trabajo. El sol estaba saliendo mientras acababa su café. El día tenía una sensación extraña. Algo bueno va a pasar hoy, pensó. Con ese pensamiento se sintió con más energías para enfrentarse a las tareas que le esperaban.
Al salir se fijó en el radiante azul del cielo. Era un lunes sorpresivamente hermoso. Lo que no daría por ir a la playa, pensó para sí. Iba completamente sumergido en sus pensamientos cuando se encontró frente un semáforo rojo. Sus ojos se fijaron en una muchacha que esperaba al otro lado de la acera. Tenía el rostro inclinado hacia abajo. Había algo en ella que le recordaba a Laura. Empezó a cruzar la calle sin darse cuenta del carro que se aproximaba.

3. post-morir:

Laura se acomodó en la cama contenta de al fin poder descansar. Cerró sus ojos y sintió que una mano acariciaba su pierna. "¿Todavía andas por aquí?". La mano la abandonó y luego escuchó que un libro se había caído al piso. "No te tienes que poner malcriado", dijo molesta mientras se sentaba en la cama, "es una pregunta legítima."
Habían pasado meses desde que ocurrió el accidente. Ella se enteró dos semanas después por un amigo. Al escuchar las palabras no logró registrar lo que le decía. Había estado enfadada con Roberto por desaparecerse sin decir nada. Expresó su tristeza pero no quería dejarle saber lo mucho que le afectaron las noticias. Lloró a solas. Se llenó de una rabia irracional hacia él por abandonarla. Fue entonces que se dio cuenta que él estaba en su cuarto. Las noches se impregnaban de su aroma. Al principio pensó que eran sólo sus recuerdos. Luego se percató de los sonidos. Quizás se estaba volviendo loca pero llegó a aceptar que Roberto la visitaba de vez en cuando.
"Llevas mucho tiempo manifestándote por acá" dijo cansada, "o vuelves de una vez o lárgate ya." Enseguida que pronunció esas palabras sintió un peso en su cama. "Lo siento...no quise...", percibió que él comenzaba a llorar. "Es que no es fácil, te siento aquí todo el tiempo pero no te veo, no te escucho, no te puedo tocar..." Él se apartó de ella. El prolongado silencio la inquietó un poco. "No...no te vayas. Al menos déjame saber algo...¿por qué sigues visitándome?" dijo sollozando. En eso sintió que una mano le acariciaba el pelo con ternura. Le secó las lágrimas y la besó suavemente. Ella sonrió y se quedó dormida entre sus brazos.

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